¿Por qué a los bebés (y quizás a todos nosotros) les mola tanto la magia?

Basamos nuestro comportamiento de cada día en miles de predicciones sobre cómo se comportará la realidad de nuestro alrededor conforme interactuemos con nuestro entorno físico y social. Algunas de nuestras expectativas son el producto de nuestra experiencia y nuestra interacción con el mundo únicamente, mientras que otras son programadas en nuestra infancia y «grabadas» en nuestro cerebro sin apenas exposición a estimulación externa. Algunos ejemplos de este último grupo serían que los sólidos no atraviesan las paredes o que los objetos se caen si los lanzas.

Los trucos de magia dependen de desafiar todo tipo de previsiones sobre cómo las cosas deberían ir. Enfrentado con la violación de sus predicciones nucleares, el público queda cautivado con la magia. Hasta el espectador más harto puede sentir algún tipo de sorpresa digna de un niño delante de un buen mago. Un nuevo estudio que investiga cómo los bebés reaccionan a las violaciones de sus expectativas previas podría explicar por qué la magia es tan emocionante para los públicos de todas las edades.

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Aimee E. Stahl y Lisa Feigenson de la Universidad Johns Hopkins pensaron que las violaciones de las expectativas de uno mismo sobre el mundo podría señalar alguna oportunidad especial para el aprendizaje. La investigación previa había mostrado que los bebés se quedan mirando durante más tiempo si no se cumplen sus expectativas; por ejemplo, si una pelota parece atravesar una pared en vez de pararse. Pero no se sabía si el interés creciente de los bebés en cosas que no se comportaban como ellos esperaban podría tener alguna utilidad cognitiva. Los científicos establecieron la hipótesis de que las violaciones de las expectativas podría proveer oportunidades para aprender sobre el mundo. Si así fuera, los niños deberían aprender preferentemente nueva información sobre los objetos que violan estas expectativas, buscar información sobre esos objetos, y explorarlos intentando buscar una posible explicación para tan extraño comportamiento.

Los investigadores escogieron a 111 niños de 11 meses para una elegante serie de wingardium-leviosa-o experimentos. Primero, los bebés veían cómo cochecitos de juguete o pelotas atravesaban paredes o se paraban ante ellas (entre otros escenarios físicamente posibles e imposibles). Entonces, los científicos mostraban a los bebés algo nuevo sobre los objetos que acababan de observar: por ejemplo, que chirriaban cuando se pulsaban. Los bebés aprendían a asociar el sonido con el objeto sólo si el objeto había violado sus expectativas previas. Esto significaba que su aprendizaje aumentaba cuando se trataba de objetos que violaban sus expectativas previas.

Después, hicieron ver a los bebés eventos que eran congruentes o violaban los principios básicos como la solidez de un objeto (el objeto atravesaba paredes) y el soporte de los objetos (parecían flotar sin soporte alguno en el aire). Entonces estos pequeños tenían la oportunidad de explorar y jugar con el objeto que acababan de ver (el objeto meta) y un objeto nuevo (el objeto señuelo). Los bebés pasaban más tiempo explorando el objeto meta si antes había violado los principios básicos. Cuando el objeto se comportaba acorde con sus expectativas, los bebés jugaban equitativamente con ambos juguetes. Lo que es más, cuando interactuaban con algún objeto meta porque había desafiado los principios lo hacían de formas que dependían del tipo de violación que hubieran observado. Los que habían visto al objeto atravesar una pared, lo golpeaban repetidamente contra la mesa (como comprobando su consistencia) mientras que los que habían visto flotar al objeto lo dejaban caer una y otra vez.

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El estudio concluyó que las violaciones de las expectativas, sean aprendidas o innatas, proveen especiales oportunidades de aprendizaje en la más tierna infancia.

¿Y qué pasa con los adultos cuando se enfrentan con lo imprevisto?

Como adultos, no solemos experimentar violaciones radicales de nuestras expectativas, particularmente aquellas que conciernen a los principios más básicos del comportamiento de un objeto. Una excepción importante es la magia: un espectáculo de magia le da la vuelta completamente a nuestras expectativas razonables; objetos que desaparecen, levitan o se transforman. ¿Y si cada una de esas violaciones señalara una oportunidad única de aprendizaje para los cerebros adultos también?

Podría ser que los espectáculos de magia fueran tan absorbentes porque estamos cableados para dedicar nuestras mentes y acciones a situaciones inesperadas. – Susana Martínez-Conde, neurocientífica y autora junto con su marido de «Los engaños de la mente».


 

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Una respuesta a ¿Por qué a los bebés (y quizás a todos nosotros) les mola tanto la magia?

  1. ununcuadio dijo:

    jajajaja pasaba a recomendarte el libro de “Los engaños de la mente” pero veo que lo has citado al final del post. Si no recuerdo mal, había trucos que no funcionaban con los niños y sí con los adultos… Interesante tema en cualquier caso, y molón lo de hacer una nueva disciplina de neuromagia 😉

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