El ántrax de la sociedad

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En morado con forma de vara, las bacterias protagonistas.

Hoy os quiero presentar a una bacteria: Bacillus Anthracis. Se trata de un bacilo (una bacteria con forma de barra), grampositiva (su pared celular es un poco más gordita, con una macromolécula que se llama peptidoglucano) y es anaeróbica facultativa, es decir, puede vivir perfectamente sin oxígeno y el oxígeno no le es tóxico. Y no sólo eso, sino que si quieres deshacerte de ella necesitarás cosas como una ebullición durante 10 minutos o ponerla en un horno a 160º durante 6 minutos. Con cosas como estas, no es de extrañar que pueda vivir durante años (incluso décadas o siglos) en las peores condiciones. Y es que es bastante grandecita, entre 1 y 8 micrómetros de longitud y 1 y 1.5 micrómetros de anchura (para que os hagáis una idea, el grosor de un pelo humano va 17 a 181 micrómetros).

Vivir, viajar, crear…

En cuanto al lugar donde suele pasar sus días, son animales enfermos (se nota que está dentro cuando sangren por nariz, boca y ano), animales muertos después de que hayan estado otras bacterias como ella o terrenos contaminados con excrementos de los susodichos animales. En este último caso sobrevive a unos 6 cm, en las capas superficiales del suelo. Geográficamente, están mayormente en África, Asia, Oriente medio y el sureste europeo, aunque al parecer se han encontrado muestras incluso en la Antártida.

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Esporas de Bacillus Anthracis vistas al microscopio electrónico.

Una vez que están en el terreno es cuando sueltan unas esporas. Estas esporas, como unas bolitas de 1 solo micrómetro de tamaño pueden llegar a los organismos de los animales principalmente por la digestión. Una planta crece en un terreno con estas esporas, un animal se come esta planta y ya están dentro (bebiendo agua contaminada, por ejemplo, también podían llegar a introducirse en los animales). Y ahora es cuando recordamos que también somos animales y también podemos llegar a incorporar al organismo estas esporas. Además de las maneras ya dichas, mediante el aire (inhalándolas) por ejemplo al curtir pieles o lana, al tratar carne de animales contaminados e incluso por heridas.

No se conoce exactamente en qué condiciones las bacterias liberan las esporas.

Y una vez dentro, ¿qué?

Pues por sorprendente que parezca a algunos, algo tan natural como esto no te conviene que te entre en el cuerpo. Por ejemplo si entran en contacto con algunas mucosas, germinan ahí causando daños bastante importantes. La cosa puede ponerse peor y que lleguen a pasar a la sangre y al sistema linfático, desde donde pueden llegar a prácticamente cualquier célula del cuerpo.

Hemos empezado con bacterias, de ahí a esporas y ahora queda el paso final: una exotoxina. Básicamente es una sustancia tóxica producida por las esporas y que las ‘lanzan’ contra la célula víctima. A su vez, esta exotoxina es un collage de tres proteínas:

  1. El antígeno protector (AP): este es como el segurata en las zonas VIP, se engancha a los receptores celulares (los que deciden si dejar pasar a la sustancia en cuestión o no) donde envuelve a las dos siguientes proteínas, haciendo una especie de doble identidad que provoca que estas proteínas consigan entrar al interior de la célula. Una vez dentro, el AP ya no vuelve a tener ningún papel.
  2. El factor edematógeno (FE): una vez que está dentro de la célula empieza a acumular fluidos dentro y fuera de la célula a punta pala, formándose, por definición, lo que se llama un edema.
  3. El factor letal (FL) (denominada así por causar la muerte a animales de experimentación): destruye una citocina que es esencial a la hora de reclutar otras células del sistema inmunológico para combatir la infección.

No se conoce exactamente cómo se produce la muerte de la célula a partir de esto.

Y todo esto, a nivel macroscópico (dependiendo a qué células afecte) tiene tres manifestaciones:

  1. Forma cutánea, (95 % de los casos). En el lugar afectado aparece una pápula, como un hinchazón pero con contenido solido, rodeada de un área de
    vesículas de contenido fluido. La zona central se acaba secando, apareciendo una zona negra muy característica (no suele ser dolorosa y suele acabar curándose de forma espontánea).
  2. Forma intestinal, es la versión más rara. Empieza con fiebres, náuseas, vómitos y diarreas y puede evolucionar en un coma y la muerte entre el 25 y el 60% de los casos.
  3. Ischemia_rotate

    Cianosis, uno de los síntomas de la enfermedad.

    Forma inhalatoria. Fiebre con toses, dificultad respiratoria, los pies se empiezan a poner de un tono azulado, y solía acabar en la muerte en el 92% de los casos, pero desde 2001 se ha reducido a un 45%.

Las esporas de esta bacteria producen estos síntomas, tal y como identificó Robert Koch en 1986, de hecho fue de las primeras demostraciones que hacía sobre que las enfermedades podían ser producidas por bacterias. Unos síntomas característicos de la enfermedad llamada carbunco,  la enfermedad del trapero, plaga siberiana, edema maligno, fiebre esplénica o ántrax.

Tratamiento y prevención

Si se tienen sospechas de que la ropa o algún objeto está contaminado con B. Anthracis o con las esporas, existen jabones antimicrobianos, o hirviéndolos durante un mínimo de 30 minutos. Las lejías basadas en cloro no tienen efecto. Pero ante todo, lo más efectivo (al igual que con cadáveres) es prenderles fuego y quemar tanto bacterias como esporas.

Una vez que se sabe que se tiene la enfermedad, son muy necesarios los medicamentos. Entre los más utilizados se encuentran la ciprofloxacina, doxiciclina, eritromicina, vancomicina o penicilina, todos bactericidas para cortar desde la raíz. En el caso de que estemos ante un ántrax pulmonar (la forma inhalatoria) es totalmente crucial que los antibióticos se administren lo antes posible. El último medicamento que entro en el juego fue el ABtrax (raxibacumab), aprovado por la Food and Drug Administration (FDA).

En cuanto a la prevención existen vacunas. La primera, la desarrolló nada menos que Louis Pasteur en 1881. La primera vacuna para humanos se desarrolló en la Unión Soviética a finales de los años 30 y luego en EEUU y Reino Unido en el 54. La vacuna aprobada por la FDA de EEUU que se utiliza en la actualidad fue formulada en los 60. Se recomiendan 5 dosis, en los meses 0, 1, 6, 12 y 18. Otro tipo de vacuna requiere tres inyecciones subcutáneas administradas con 2 semanas de intervalo, y una dosis de recuerdo anual. Produce inmunidad en el 93 % de los casos.

¿Pero todo esto para qué?

Primero de todo, por lo que os he comentado en otros artículos de la categoría Armas y venenos, porque inevitablemente ha habido veces que la ciencia ha avanzado a través de guerras y medios para herir a otros humanos aunque resulte (en mi opinión) un poco paradójico. Y es que aunque parezca una enfermedad del tipo, ‘si te ha tocado, te ha tocado’ en varias ocasiones se ha utilizado como arma biológica con, como es de esperar, no buenos resultados. De hecho, se empezó a investigar sobre este uso de las esporas durante la Segunda Guerra Mundial, pero no se llegó a utilizar entonces. Pero antes de estudiarlo, ya se había utilizado con resultados desconocidos por rebeldes escandinavos en Finlandia contra el ejército ruso en el 1916.

Más tarde se produjo una fuga de esporas en una instalación militar en las cercanías de la ciudad soviética de Sverdlovsk (hoy Ekaterimburgo) en 1979. Hubo más de 96 víctimas mortales, y eso que el viento soplaba en la dirección contraria a la ciudad. Pero sin duda el caso más famoso es el ataque de bioterrorismo que se produjo en el 2001. El medio de infección fue el correo postal, infectado con esporas y por el que murieron 5 personas.

Pero además, este post es un poco manifiesto de que ya somos muchos los que empezamos a estar un poco de hartos de ciertas personas. Si ahora plagas como esta están bastante controladas comparadas a como estaban hace un siglo (y ya no digo hace más) en su mayor parte ha sido gracias a la ciencia. Y centrándome en el tema de este artículo, en concreto gracias a las ciencias biomédicas. Que mediante experimentación, pruebas, estudios bien realizados y demás aplicaciones del método científico se han conseguido vacunas y medicamentos para combatir epidemias como el ántrax – y eso que todavía hay cosas fundamentales sobre la enfermedad que no se saben exactamente cómo pasan. Y este tipo de avances (en mi opinión) son los que hacen avanzar a una sociedad y que a medio-largo plazo son buenas inversiones en el país.

Estudios que, por definición, necesitan de educación, una educación en la que no paran de recortar y adoctrinar. Y lo mismo, señores, están haciendo con toda la ciencia en España en general. Y así, no vamos a ningún lado. Pero lo peor ya no es eso, sino que aunque se invierta en cosas como vacunas y medicamentos, hay gente que se niega a aceptar la abrumadora evidencia científica. Así pasa con movimientos anti-vacunas como los dirigidos por Teresa Forcades, en contra de los medicamentos con gente como Josep Pàmies a la cabeza, que entre otras cosas defienden ante todo ‘lo natural’, tan natural como las esporas del B. Anthracis, y por supuesto, que no sea químico (espera, ¿el H_2O cuenta como químico no?). Y para colmo los que defienden panaceas, sustancias curalotodo que no son más que placebo o puros fraudes, como la homeopatía o algo tan peligroso como el MMS.

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STOP

Por eso es por lo que divulgo. Para contribuir a parar esto, y que la gente de a pie entienda más sobre la ciencia, sobre que no es algo totalmente ajeno a ellos y que entiendan que no hay manera de que se avance siguiendo a gente como esa. Son el ántrax de la sociedad. Algo que parece pequeño (como las esporas) que va entrando poco a poco en la sociedad. Algo que una vez están dentro de la célula (en el poder) la destruyen. ¿Y recordáis el antígeno protector? Ese que dejaba pasar a las otras proteínas a la célula. Esa proteína que una vez les deja entrar ya no vuelve a hacer ninguna otra función. Somos el antígeno protector de este ántrax, señores. Pero también somos la vacuna para prevenir y los medicamentos para curar, si queremos.

Sólo si queremos.

Pd: Esta entrada participa en el XLI Carnaval de Química alojado en el blog cienciaxxi.es.

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Acerca de ResisZienzia

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