Matemáticas y homosexualidad: Alan Turing

Hoy, 7 de junio se cumplen 60 años de que murió uno de los grandes de la informática, de la matemática e incluso de la biología. Esta entrada no la he escrito ahora, fue una colaboración que hice en el blog de De aquí al pans, llevado por dos amigas donde cuentan su historia y desmienten mitos y hablan de toda la cultura LGTB+.


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Este chavalín de aquí, de 16 años, es Alan Mathison Turing , un londinense que nació en 1912. Un londinense que llegó a ser matemático, lógico, criptógrafo, informático, biólogo, filósofo… y gay.

¡Oh, l’amour!

Uno de sus primeros logros fue ir a clase un día de huelga. No parece mucho, pero añádele que fue en bici cuando vivía a más de 90 km, que tenía 14 años, y que era su primer día.  Desde pequeño ya destacó en varias capacidades intelectuales como la lectura, las matemáticas, rompecabezas… aun así, suspendió varias veces los exámenes de ingreso a su primera opción –como veis, lo de que los exámenes no representen el nivel de inteligencia no viene de ahora–. ¡Se me olvidaba! En la escuela, ya se decantó por su inclinación sexual, siendo Christopher Morcom su primer amor. Desafortunademente Morcom murió repentinamente en 1930, debido a complicaciones de la tuberculosis bovina, que al parecer contrajo al beber leche de vaca contaminada.

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Imaginaos el golpe que debió ser esto para Turing, tal fue que dejó de creer en Dios –excepto en que hay “algo” después de la muerte–. Llegó a la conclusión de que detrás de cada suceso hay una causa material, medible y por tanto comprobable mediante el método científico.

¿Qué hizo?

Entscheidungsproblem (venga, leedlo). Ese es el nombre de uno de los mayores problemas de lógica de la época, el problema de la decisión, y que Turing consiguió resolver –otro matemático, Church, también lo consiguió independientemente–. Básicamente, las consecuencias que tuvo fue que no existe un algoritmo que decida si dada cualquier sentencia es cierta o falsa –un algoritmo, QUE NO LOGARITMO, es un conjunto de pasos finito, una receta al fin y al cabo–.

Los que ya habían oído hablar de Turing lo conocerían seguramente por dos cosas: la máquina de Turing, y la máquina Enigma, pero expliquémoslas un poco. Una máquina de Turing es un dispositivo conceptual, “ideal”, una especie de concepto mental, dotado de unas reglas de operación sencillos para la manipulación de símbolos. Dichas reglas son tales que permiten realizar cualquier tarea que pueda llevar a cabo un ordenador (por supuesto esta máquina tardaría MUCHÍSIMO más que los ordenadores de hoy en día). Aunque no pueda sonar impactante, esta fue una de las bases en las que se asienta toda la programación e informática de hoy en día, así que ya puedes ir dándole las gracias por estar leyendo esto.

maquina

Esquema de las partes de una máquina de Turing.

Siguiendo en el campo de la computación, llegó un momento en el que estalló la Segunda Guerra Mundial. Por aquel entonces seguía en Inglaterra, y lo reclutaron como criptógrafo, es decir, para descifrar códigos. ¿Qué códigos? Nazis, ni más ni menos. Descifraba los códigos, sabía lo que decían, dónde iban a ir las tropas, a dirigirse el armamento para así poder pillarlos por sorpresa, y vencerlos. Y, ¡oh, dulces matemáticas! que vencieron, sin duda gracias a la inestimable ayuda de Turing (algunos estiman que Turing pudo acortar la guerra entre 2 y 4 años). Y una de las máquinas que descifró, de las más importantes, fue la ya mencionada máquina Enigma. Pero la cosa no acaba aquí…

Y más… y más…

Durante los 50, resaltó su etapa como filósofo sin olvidarse en absoluto de las ciencias computacionales y las matemáticas. Así llego “el test de Turing” un método para comprobar si una máquina es inteligente o no. Ojo, inteligente “de verdad”, no de apariencia inteligente. Hasta ahora ninguna máquina ha pasado este test (ni siquiera Cleverbot). ¿En qué consiste? En hablar. En hablar con la máquina, y después con un humano (a través de una pantalla, por supuesto) y si las personas no consiguen distinguir la máquina del humano, entonces la máquina es inteligente. Aunque parezca mero elucubramiento filosófico, en esto se basan los CAPTCHA’s, Completely Automated Public Turing Test to tell Computers and Humans Apart (Prueba de Turing pública y automática para diferenciar a máquinas y humanos). Son las típicas preguntas de escribir un par de palabras para acceder a una página para evitar a los spambots que intenten acceder a grandes cantidades de correos electrónicos.

capchas

También trabajó como biólogo, llegando a explicar porque algunas células llegan a organizarse en patrones macroscópicos, me refiero, el cómo saben las células donde tiene que salir un dedo y dónde no, o dónde deben salir negras o blancas las rayas de una cebra.

Aún después de toda esta ayuda, fue acusado y casi fue a la cárcel. ¿Por qué? Porque le robaron. Sí, a él. Le robaron en su casa, y al parecer fue el amante (chico, por supuesto) de esa época, así descubrieron que era gay y le acusaron de perversión (claro, como todos los homosexuales lo son…) y homosexualidad, todavía le dieron “oportunidades”: o a la cárcel, o se sometía a un tratamiento hormonal. Eligió la última opción, lo que conllevó a que engordara, le salieran pechos, y entro en una gran depresión física y psicológica. Probablemente esto es lo que le llevó en  junio de 1954, a los 42 años de edad, a morir por envenenamiento con el cianuro contenido en una manzana, a la que solo llegó a dar un mordisco. De todas maneras, esto no sabe a ciencia cierta, aunque se cree que fue suicidio, podría ser accidental u homicidio.

Como pequeño consuelo, en diciembre del año pasado, lablancanieves reina Isabel II le concedió el perdón póstumo tras una campaña de varios años por limpiar su nombre, apoyada por científicos como Stephen Hawking y por peticiones de firma mediante internet que sumaron decenas de miles de adhesiones. A buenas horas, pero algo es algo, al menos han reconocido que gracias a él se salvaron miles de vidas.

Aquí acaba la historia (de momento) de uno de los grandes de la historia, homosexual, a causa de una manzana envenenada. Un grande cuyo cuento favorito, casualmente, era Blancanieves.


Como curiosidad, para no acabar con este mal sabor de boca se cuenta que solía encadenar al radiador su taza de café para evitar que se la robasen. Llevaba el pijama debajo del abrigo y no leía periódicos. Además, caminaba con máscara antigás para prevenir la alergia al polen y se abrazaba a su peluche cuando estaba decaído. Oye, todos tenemos nuestras rarezas.

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3 respuestas a Matemáticas y homosexualidad: Alan Turing

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